¿EL FIN DE LOS TIEMPOS? 



Visto desde la fe

Todas las profecías nos hablaron siempre de señales, de acontecimientos que precederían el fin de los tiempos. Es muy aceptada la idea de que veremos con nuestros propios ojos los eventos del ocaso de este mundo, y se presume que será un final a toda orquesta, donde el cielo no podía estar ausente.

Pues bien, las señales se han venido cumpliendo una tras otra, ya no deben quedar profetas sin consultar en ningún lado del mundo, para intentar saber qué pasará antes del “Armagedón”. Es de esperar entonces que llegue pronto “la separación del trigo y de la paja” que nos augura la Biblia.

Sin embargo, muchos somos los que actuamos como si nada pasara, como si nuestra vida fuera una película, o un sueño, y esperamos que suene el despertador cada mañana sólo para seguir con la rutina, la que sea que tengamos armada en esa vida. Así se nos relaja la mente y se disipa la conciencia de que estamos en medio del Apocalipsis.

Vivimos sin asumir la responsabilidad que nos toca, que es ni más ni menos que colaborar para que sean más las bolsas de trigo cuando termine el tiempo de esta generación, que empezó su experiencia terrenal hace miles de años.
Parece que no nos aguantamos tanta responsabilidad, tenemos pánico escénico y metemos la cabeza en un balde para no ver por donde caminamos, como si la torpeza del que no ve lo que hace nos pudiera justificar en esta hora.

El Plan de Dios todavía necesita de nosotros, está reclutando gente pero pocos se presentan, y menos aún vuelven al otro día. ¡Y después nos quejamos de que no hay trabajo...!

Este trabajo que en lo alto se solicita no es físico sino mental, así que podemos seguir con nuestras actividades normales mientras ponemos los pensamientos en donde tienen que estar. El Creador necesita ideas amorosas en el éter, para poder transmutar tanta violencia y miedo que contaminan el Plano Astral de la Tierra. Sólo con eso (pensamientos amorosos) ayudaríamos un poco.

A los que tenemos fe no nos hacen falta más razones que las expuestas para ponernos a trabajar para Dios. Así que manos a la obra, pensemos bien, actuemos bien, y estemos bien dispuestos hacia nuestros prójimos. Ya sabemos que la palabra clave es AMOR.

¿Y los que no tienen fe?

Otros se encasillan en el agnosticismo, se declaran incrédulos poniéndolo todo en duda, justifican su inacción (respecto de las cuestiones útiles al Plan Divino) por la mera falta de fe. Pero saben que las profecías antiguas bien podrían cumplirse porque la misma ciencia a quien ellos idolatran nos advierte ahora, cual oráculo moderno, cataclismos de grandes magnitudes, o cuerpos celestes que impactarán en nuestro medio.

Los que no creen en una fuerza que nos contiene y piensan que el Universo es fruto del azar están todavía más desconsolados que nosotros. Ellos piensan que todo se acabará con la muerte. Creen que nada más existe lo que se ve o aquello que se compruebe científicamente.

Pero la misma ciencia que los agnósticos esgrimen para sostener sus quejas, les demuestra su error y los coloca en un lugar bastante incómodo. La Ley de las Probabilidades golpea sus cabezas como ridiculizándolos por sus dudas, porque ya matemáticamente es imposible que existamos en un Universo caótico, en un Universo que logra de pura "suerte” las coincidencias necesarias para el fenómeno de la estabilidad del cosmos.

No es posible tal equilibrio sin un gobierno, sin una mente. Necesariamente debe existir una inteligencia que gobierne a la naturaleza para que en ella se produzca el milagro de la vida. Inteligencia que se observa también en cada célula que se subdivide y que se alista a cumplir una tarea diversa de la que cumplía su antecesora, y que sin ella el organismo al que pertenece no hubiera podido crecer ni concretar su existencia.

Equilibrio que también nos enrostran los átomos de los que está formada la materia. Inteligencia que gobierna lo macro y lo micro, porque “como es arriba es abajo”. Inteligencia que en todo manda y que todo lo puede porque “todo es mente”.

Y si tal inteligencia es tan obvia, ¿cómo vamos a desconocer la divinidad de quien le pertenece? ¿Cómo podría haber inteligencia sin haber un ser que la domine? Es decir, los agnósticos se empecinan en creer que nada existe más allá del hombre, enfrentándose con la Matemática y la Lógica en temas que éstas ya tienen resueltos.

Pero aun desde la duda, que a todos nos golpea alguna vez, igual debemos trabajar con nuestras mentes albergando creaciones bondadosas y piadosas, produciendo energías sanadoras y armoniosas, rechazando todo pensamiento negativo, emitiendo hacia el espacio la luz de nuestros seres como una antena transmisora que disemina la fuerza del Amor para diluir la densidad que recubre a nuestro mundo.

Todos debemos colaborar, porque hasta el hermano que no cree en la vida de ultratumba necesita hacer de este mundo un mejor lugar donde vivir ahora mismo, y sabe que nada podrá mejorar si no trasmitimos Amor en rededor nuestro, porque nadie niega, ni el más necio, que el Amor es la fuerza que a todos nos supera, y que nos produce felicidad de verdad, nos mejora tanto a los creyentes como a los agnósticos, a los fanáticos y a los ateos, a todas las razas, a todas las clases sociales, a todos los seres humanos, a todos los seres.

El agnóstico sabe lo mismo que el creyente: que este mundo no da para más, que un cambio total se necesita, porque de otra forma no habrá futuro para la vida humana.

¿Qué involucra este final?

¿Llegará el día en que haya un “cierre planetario por reformas”? Es decir, que nuestro mundo pase por agua y por fuego para ser purificado y vivificado, como lo merece para el papel que jugará en los próximos mil años.

No sabemos qué pasará, es posible que pueda estar cumpliéndose “la separación del trigo y de la paja” sin que ningún mortal se percate de ello. O quizás muramos todos juntos o de a poco como siempre. O hasta podrían salvarse algunos cuerpos para no tener que comenzar todo de nuevo, no importa.

Lo realmente importante es que nuestros espíritus serán redistribuidos en los planos astrales del Universo conforme sea nuestro nivel de vibración energética (el de nuestro ser trascendental). Así por ejemplo, el hermano que no logre vibrar en armonía con la energía a la que será promovida la Tierra, será absorbido por un cuerpo celeste acorde a su rango de vibración. A propósito, “casualmente” existiría un gran planeta que se estaría aproximando mucho a la Tierra en estos tiempos. Un mundo que se parece a la Tierra de hace millones de años. Pero no se asusten, ya que Dios está en todos lados.

¿Qué hacer?

Como sea que fuere, no dejemos que la ensoñación que nos aqueja nos impida actuar como debemos:

Pensemos y obremos bien.
Rechacemos todo aquello que no provenga del Amor o que produzca dolor en algún ser viviente.
Activemos nuestra solidaridad, nuestra piedad, para apaciguar el sufrimiento de los demás.
Proyectemos armonía en torno nuestro y que se expanda hasta el infinito, transmutando la negatividad, sabiendo que la energía que emanamos nos será devuelta amplificada y que nuestros hijos serán los arquitectos del mundo del mañana.

¡Dios los bendiga...!

Fernando Hugo Toppetti

(Desde Buenos Aires, Argentina)


publicado por Nuevo Sol

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