CIUDADANOS ALERTA

   

ÍNDICE

PERSONAJES

MEMORIA

OPINE

NOTICIAS

MAPA DEL SITIO

.

Los Colorados del Monte, febrero de 2008.

PARA QUE NO SE QUEDE

EN EL TINTERILLO

Juan Pampero

 

.

Mi buena amiga,  no te hagas tanta mala sangre reteniendo

figuritas y pensando en los mugrosos, esta gavilla de delincuentes

son la versión libre de los tres mosqueteros: uno para todos

y todos para uno, pero nosotros no dentramos con ninguno.

 

   Carta a doña OLGA.  

   Mi querida amiga; la mejor compatriota:

   He recibido el envío que me has hecho del trabajo del Viejo Camarada Carlos Marcelo Shäferstein, por el cual quedo enteramente agradecido. Como siempre, los trabajos remitidos son de toda ponderación, lo que ya es un clásico en tu persona. Sin embargo, al encontrarme con él, escapóse una lagrimilla de estas pupilas que, en la vida, han presenciado tantos desasosiegos. Esta es la verdad que yo prometí decirte siempre. Porque estaba preparando unos borradores para un artículo semejante al recién llegado, los que desde ya suspendo, por cuanto, es de verse, el trabajo está hecho y esto, para mí, es lo más importante. Nuestra característica será siempre marchar. Estar en Movimiento. Y esto me prueba que estamos marchando, lo que trae alegría a mi corazón.

   Como en tu carta me pides una opinión sobre lo escrito por este autor, lo hago transcribiéndote los borradores copiados por mí antes de mandarlos al fuego para que, pasados a cenizas, en paz descansen. Puede ser que sirvan de complemento o de suplemento a estas noticias. O tal vez para nada. Siempre lo que decidas para mí será lo mejor. Estos papeles garrapateados dicen así:

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

   Analizando los hechos que están ocurriendo en nuestro país, ya no podemos pensar de otra manera que, el sionismo en nuestra Patria coordinado con el Estado de Israel, sigue desde hace tiempo, la idéntica política que logró consumar en la Palestina Árabe en el año 1948: la expansión imperialista en cualquier parte del mundo donde residen los israelitas, con la ayuda inestimable de dos sofismas que son de su invención: el liberalismo desalmado y el marxismo servil y canalla.

   Por ello, no me extraña lo que escribe y pregona el que fuera Presidente del Estado de Israel, Itzjak Ben Zvi, en su libro titulado Tribus perdidas, pp. 296 y 297, Ed. Candelabro, Buenos Aires 1955, que, en realidad fue una tesis para justificar el futuro asalto al pueblo amigo de Siria:

   “¿Qué es Siria? Ni un estado, ni una unidad geográfica o histórica, ni nacional o religiosa. En tiempos pretéritos fue parte de Aram, pero ese concepto es muy amplio, y no se identifica en absoluto con Siria.

   Para nuestras sagradas Escrituras sabemos de Aram-Zoba, Aram-Damasco, Aram-Hamat, Aram-Naharaím, etc. La antigua Aram estaba constituida de varias unidades y Siria tampoco existía como una unidad en los tiempos del Segundo Templo, ni después de él, en lo que respecta a religión y culto, Siria nos ofrece un complicado cuadro de confusión religiosa, difícil de hallar en otra parte del mundo. Aunque la fe imperante es la musulmana y los mahometanos constituyen una enorme mayoría, hay en Siria y en el Líbano, además de las tres religiones monoteístas: musulmana, cristiana y judía, otros dos credos, únicos en su género, que no tienen adeptos en ningún otro país del mundo: la Drusa y la Nosaira-Ismaelí. Las dos religiones se parecen en que ambas son ocultas e invisibles, no sólo para los extraños, sino también para la mayoría de sus propios creyentes, pero se diferencian una de otra y se odian recíprocamente no menos de cómo ocurre con las otras religiones.

   Los Drusos constituyen una nación aparte, de 120.000 almas (hay quienes dicen 150.000); de ellos, sólo 16.000 viven hoy en el Eretz Israel y el resto se encuentra en Siria y el Líbano. Los nosairos-ismaelíes o los aliitas son también un pueblo con sus características propias, de unas 120.000 almas; viven en Siria, menos algunos que se encuentran en el Líbano.

   Los Drusos son un pueblo en todo el sentido de la palabra, con todas las características que los sabios otorgan a una nación: tienen su propia religión, organización propia y una historia y conciencia nacionales. No se mezclan ni con los cristianos ni con los musulmanes, ni con ninguna otra raza que no sea la suya. En lo que respecta a ésta, hay algunos investigadores autorizados que dicen que su origen es persa. Tanto su organización religioso-política especifica, como su conciencia nacional y su historia, los diferencian de otros pueblos y hasta por su raza son distintos a los árabes. También los Nosairos, sus vecinos, que cuentan entre 250 y 290.000 almas, no son de orígen árabe puro y es posible que en todas esas razas circule sangre de los habitantes primitivos, los cananeos. El idioma primitivo de los libaneses fue sin duda arameo, con una mezcla de griego, pero ahora sólo han quedado tres aldeas que hablan el arameo. Es interesante que todos los moranitas, que cuentan con 300.000 almas y hablan todos el árabe usan todavía el arameo para rezar y para leer la Biblia.”

   Larga la cita pero, debes creer mi buena amiga y por lo que sigue, que vale la pena. Quiere decir, por esta descripción hecha por un judío sionista de alto vuelo que, antes de la proclamación del Estado de Israel, los sionistas preparaban y divulgaban entre los mismos judíos; sus incondicionales: los  criptojudíos y la masa informe de los goim, teorías racistas, lingüísticas y religiosas para justificar la integración de las comunidades que discrepasen entre sí por motivos religiosos, lingüísticos o cualquier otro accidente baladí que se les cruce. El pretexto de ello, sería poder concurrir, haciéndose los humanitarios, en su ayuda y, al mismo tiempo, lograr su objetivo: atribuirse el derecho de anexar los territorios ocupados por esas minorías nacionales que supuestamente han libertado.

   Así la Guerra de los Seis Días se hizo para anexar Siria y el Líbano. Hoy lo que no pueden lograr por la guerra agresiva, tratan de conseguirlo por otros medios, tanto o más eficaces y eficientes que la contienda propiamente dicha: infiltrar las quintacolumnas en Siria, en el Líbano y también en nuestra Patria. Alrededor de 1900, nosotros ya los teníamos instalados; y a esto no lo digo yo tildado rápidamente de nazi por algún minusválido mental. Lo dice Teodoro Herzl (El Estado Judío, pág. 40, Ed. Federación Sionista Argentina, Bs. As. 1944), al referirse al caso Argentina.

   Las teorías y los antecedentes histórico-religiosos que se exponen en este libro, no tienen otra finalidad que incitar un vivo antagonismo entre las comunidades árabes que se han creído esta estupidez sin reparar en las consecuencias, y provocar entre ellos el choque armado para poder intervenir con ayuda militar y adueñarse de los territorios para su engrandecimiento.

   Respecto de lo religioso institucional, al interrogante ¿qué es Siria?, formulado por este judeosionista, le podría responder, con conocimiento de causa,  que su exposición, como no es de esperar otra cosa viniendo de donde viene,  carece de veracidad.

   En efecto. De acuerdo a los descubrimientos arqueológicos de Tel-el-Amarna, entre 1887 y 1888, que consta de un importante archivo de la correspondencia de dos Faraones de la Dinastía XVIII, Amenhotes III y su hijo Amenhotes IV (de los siglos XV y XIV aJC), esa documentación atestigua cuán falaces son los argumentos anticientíficos esgrimidos por el ex Presidente israelí.

   Este hallazgo, que comprende a 360 tablillas de barro cocido, son cartas de Príncipes Sirios que demuestran ser, ya en aquella lejana época, juntamente con la actual Palestina, principados de potencias mayores entre los reinos de los Hititas y los Egipcios.

   Mientras que los hebreos, recién a mediados del Siglo XII aJC, según la Biblia, aparecen en las tierras de Canaán, como tribus bárbaras y nómadas del desierto, sin cultura  (aún hoy no existe la cultura judía, y todo lo que tienen es porque lo han parasitado de otras culturas), y eran de religión politeísta (como lo dicen claramente los frescos encontrados en Egipto), situación que compartían con todos los cananeos de aquellas edades.

   Simplemente esto nos confirma que Siria preexistía como Estado y Nación organizada muchísimo antes de que surgiera Israel con sus Eloim (sus dioses, que nunca abandonaron, según los duros y permanentes reproches, maldiciones y amenazas que les hace el Señor de Israel a estos bandidos del desierto, para realizar, diez minutos después, una nueva alianza con ellos, quebrada en los diez minutos siguientes por los mismo que Él había elegido como sus Predilectos), como unidad religiosa y política.

   Si quisiéramos dar fe a las documentaciones bíblicas, el Patriarca de los Hebreos, Abraham (no hay otro personaje de este calibre en toda la Biblia, y si no, que lo digan Sara y Agar), aparece en el Siglo XIV, en la ciudad de Ur, lo que ya nos está indicando que el bueno de don Ben-Zvi ha falseado, de puro sionista, la verdad histórica al sustentar que Siria no existía como unidad política en tiempos pretéritos (véase para esto: V. P. Potemkin y Otros, Tomo I, pág. 9, Ed. Grijalbo, Méjico D. F. 1966 y también a Edgard MacNall Burnes, en su Civilizaciones de Occidente, pág. 127, Ed. Peuser, Bs. As. 1946).

   Aceptando, aunque más no sea teóricamente, la tesis expuesta por Ben-Zvi, podría ocurrir que las comunidades religiosas que se resisten, por sus fanatismos dogmáticos, a integrarse a la nacionalidad donde residen, se arrogarían el derecho de formar Estado Minúsculos, es decir, Minoría Autónomas dentro de otros estados.

   Esto, naturalmente, corroboraría las absurdas pretensiones del judeosionismo en su derecho a constituir Estados Judíos dentro de los Estados Cristianos. O sin ir más lejos la organización de ghettos. En muchos de ellos los judíos han tenido su Poder Ejecutivo, sus Jueces en Sanedrín y, en Varsovia, hasta su policía, recaudaban impuestos, emitían moneda y se dictaban sus propias leyes, incluida la de sentencia de muerte.

   Por esta razón fue por la que el dirigente sionista Ben-Zvi, una vez que se había instalado en el gobierno, tendía a aplicar su teoría racista en la estrategia política-militar de aplicación mundial.

   El Estado Sionista esgrime este instrumento dogmático para justificar ante el Mundo entero las sangrientas agresiones, aniquilamientos, masacres, secuestros, encarcelamiento y múltiples asesinatos perpetrados contra los árabes y la inmediata anexión de esas tierras al Estado de Israel.

   Al ser examinados científicamente los Derechos Histórico-Bíblicos que los israelitas se arrogan sobre la Palestina Árabe, y, analizando desapasionadamente aquellos antecedentes, se revela que tales derechos son absurdos. Son tantos o más incoherentes en cuanto a los judíos llegados de la Europa eslava y teutona a la Palestina, por cuanto no pueden ser considerados jamás por razones telúricas, étnicas y comunitarias, como auténticos herederos de los antiguos hebreos o cananeos semitas que habitaron la Tierra Santa.

   En las páginas de este libro Tribus Perdidas, el autor sionista se contradice al sustentar que muchos pueblos no semitas de Asia y Europa, cuando fueron paganos se convirtieron a la Religión Mosaica y se integraron a la Comunidad Israelita. Esos conversos que no descienden del Patriarca Abraham, también podrían arrogarse el derecho sobre la Palestina.

   En las pp. 150 y 151 de este libro se puede leer sobre los Khazares, una nación de origen tártaro-mongol:

   “Fueron principalmente los israelitas persas que lograron ganar para la religión judía a Bulan el Kházaro y sus ministros. En el año 732 (ó 740) de la era actual, el Rey de los Khazares y sus Ministros adoptaron la fe de Israel. Los jefes del ejército kházaro, con ellos los principales ciudadanos, fueron los primeros en adoptar el judaísmo y adherirse al credo israelita, y las masas del pueblo los siguieron.

   En el Siglo VIII, la Religión Judía se convirtió en la Fe dominante del país de los Khazares, como sucediera siglos antes en otro rincón de la zona de influencia de los judíos de Persia y Babilonia: en el reino de Adiabene del imperio parto, se convirtieron la reina Helena y Monobaz.

   A fines del Siglo IX y principios del X, cuando los Khazares conquistaron Crimen, el judaísmo local se integró al kházaro.”

   Esto nos dice que los Derechos Histórico-Bíblicos que se atribuyen a los judíos sobre la Palestina son inconsistentes, en cuanto los judíos, racialmente eslavos, llegados de Europa Oriental a la Palestina en el último medio siglo, no pueden ser admitidos como herederos de los antiguos hebreos habitantes de Canaán.

   Sabemos que al convertirse los kházaros al judaísmo, sus descendientes se desparramaron por Europa Oriental primero y Central después, llegando a los países balcánicos; y son éstos los que dieron sus inmigrantes a los EE. UU., a la América del Sur y al Estado de Israel (arrebatador de la Palestina). Todos los dirigentes de este Estado Sionista son de origen eslavo, pues, los pocos israelitas sefardíes semitas que residían en la Palestina desde épocas remotas, se sienten integrados a la cultura, a la lengua y a la comunidad árabe y no son admitidos a participar en el Gobierno Sionista de Israel.

   Por otro conducto se sabe que hasta fines del Siglo XIX hubo judíos de raza amarilla (chinos) en Shangai. A principios del Siglo XX, investigadores ingleses encontraron una vieja sinagoga abandonada en esta ciudad, pero sin judíos. Por ello se presume que se integraron a sus compatriotas chinos. Sin embargo de sus antecedentes no ha quedado vestigio alguno.

   Pero en la ciudad de Kai-Fung-Fu, también en China, todavía existe una comunidad de judíos amarillos más o menos numerosa, que se mantiene fiel a las tradiciones de los judíos de Bukhara (Persia), y se cree que son los descendientes de las tribus perdidas, o son chinos convertidos a la Fe Mosaica. En la actualidad es imposible determinar a cuántos de estos ha recibido la Argentina, en el aluvión amarillo que aún no ha terminado. Y nadie, absolutamente nadie, puede pensar hoy en día que el chinito que tiene adelante es un judío. Así como se ignora sus vinculaciones con el sionismo local y, de estar vinculados, cómo y para qué los están usando.

   Hubo también judíos de raza negra en la costa Malabar (de Vasco da Gama a esta parte ya se los conocía) y en Cochín (en la India Sur Occidental a donde los anotó el Duque de Albuquerque). También están los judíos Falashas de Etiopía (la vieja Cus de la Biblia: la mujer de Moisés era cusita y posiblemente también él era nativo de allí, aunque no originario, según vemos por su genealogía). Los falashas practican actualmente la Religión Mosaica según la tradición del Viejo Testamento; no hablan ni escriben en hebreo y no siguen los preceptos rabínicos del Talmud. Y algo muy grave: dicen estos falashas que ellos son los verdaderos fundadores de la religión monoteísta, que les fue arrebatada por Moisés haciéndola suya cuando se albergó, prófugo de la justicia egipcia por asesinato, en la casa del que después sería su suegro.

   Hernan Norden ha escrito un libro titulado Le dernier empire africain en Abyssine, que editó Payot de París en 1930. En su página 152 podemos leer:

   “En Abisinia existe un pueblo que pretende ser el Pueblo Elegido de la Ley de Moisés, los Falashas: viven aislados de otras comunidades judías del mundo. No conocen el Talmud y no saben el hebreo. Conservan intactas las antiguas tradiciones mosaicas.”

   Como en los EE. UU. los judíos eslavos estuvieron mucho tiempo bajo la lupa por sus fechorías, no podían hacer transacciones sin ser delatados. Entonces habrían importado a estos falashas que harían de punta de lanza para la penetración, dado que racialmente no tienen un ápice de semitas en sus semblantes y mucho menos de eslavos. Porque, ¿quién era tan suspicaz de imaginarse que el negro que tenía enfrente era un judío? Exactamente nadie. Así, y hoy  mismo, nadie puede pensar semejante cosa de una bellecita como Condoleeza Rice, del simpático actor Norman Freeman o del rechoncho embajador Terence Todman. Todos estos son paquetecitos bien armados, envueltos con papel de colores, puestos los moñitos rococó y regados con alguna agua florida.

   Al parecer en los EE. UU. la comunidad falasha, de origen africano, es numerosa porque tienen varias sinagogas. Los judíos de origen eslavo, la gran  mayoría, racistas ciento por cien, no acepta a los falashas en sus Círculos ni siquiera para comer un canapé de mondongo; tampoco en las logias masónicas B’Nei Brith y menos en sus sinagogas donde el rabino los pasaría por la moledora de carne. Pero esto no es un impedimento para que, llegado el momento, una mano lave la otra y las dos castiguen las nalgas. Cuando se produjeron los atentados a la Embajada de Israel y a la AMIA-DAIA, casualmente, el embajador norteamericano era Terence Todman. Digamos que una casualidad.

   Lo anteriormente expresado nos da una idea de que el judaísmo no puede ser considerado como una religión, raza o comunidad homogénea. Dado que se encuentra dividido en varias sectas, culturas, costumbres y razas, y se localizan diseminados por todas partes del mundo. Los historiadores romanos de los Siglos II y I aJC mencionan que donde ellos ponían el pie encontraban una comunidad judía: grande o pequeña, formando ghettos y siempre algunos de ellos constituían parte de la administración pública e inclusive del ejército y la marina. De manera que la Diáspora judía es muy anterior a la que después nos hicieron creer que era la Díaspora dispuesta por Tito en el 70 dJC.

   La Antropología, con todo el rigor científico, ha demostrado que el judaísmo no es una unidad racial homogénea. Si los judíos fanatizados siguen pensando y creyendo que son descendientes de los semitas del Canaán,  es porque, o son ignorantes o mitómanos, o las dos cosas a la vez. El judaísmo como raza, nación o Pueblo Elegido, es una estratagema esgrimida por el imperialismo Judeosionista para justificar la ocupación de la Palestina árabe y lograr el dominio sobre el Medio Oriente y desde allí, por la Diáspora, del Mundo entero.

   En el libro ya citado Tribus perdidas de Ben Zvi (que en realidad debería llamarse El Libro de las Contradicciones; tal vez por esto desapareció de los escaparates y no se lo reeditó más), el autor se contradice en la página 214 al decir:

   “Una de las personalidades que niega públicamente a los Karaitas el origen judío, fue el Rabino Seraya Shafshal, nacido en Crimea. Este Jajam (sabio) expresó su opinión en una oportunidad que los Karaitas no eran de raza judía sino conversos de otro origen, tal vez descendientes de la Khazares, que aceptaron la doctrina de Moisés, pero no la Ley oral, el Talmud y la literatura rabínica.”

   Efectivamente, los Karaitas de Europa Oriental son de raza eslava, cruzados con sangre tártara, lo que se nota claramente en sus ojos, labios y forma particular de su cabeza. Mientras que los Karaitas de los países del Medio y Extremo Oriente (Turquía, Egipto, Irak, etc.), conservan el tipo racial semítico. Los Karaitas de Crimea son mezcla de raza semítica, tártara y eslava.

   Los Karaitas de Lituania, Rusia y Polonia tienen mezcla de sangre eslava, kházara y tártara, mientras que los judíos Karaitas de la región del Volga son eslavos puros.

   Este mismo autor en las páginas 91 y 92 de aquél libro dice sobre los judíos cáucasos y georgianos:

   “El idioma hablado por los judíos georgianos es diferente al persatatín, la lengua de los montañeses. Siendo así que los judíos hablan el mismo idioma de sus vecinos, los georgianos cristianos. Lo que más llama la atención, es que la escritura usada por ellos es la georgiana. De izquierda a derecha, distintamente a otras tribus de Israel de Oriente y Occidente, que usaban entre ellas, aun para los usos del idioma extranjero, la escritura hebrea (así hicieron los judíos árabes con el árabe, los de España con el ladino y los askenazi con el idisch o el judeo alemán, los persas y los criemeos con sus respectivos idiomas, etc.).

   Pero los judíos de Georgia no procedieron de este modo. También debemos referirnos a los apellidos corrientes entre los israelitas, que son por lo general georgianos típicos, siendo muchos de ellos comunes también entre sus vecinos cristianos.

   También ese fenómeno prueba un proceso de continua asimilación idiomática y cultural y un arraigamiento profundo a la tierra de Georgia, por parte de los judíos de este país.

   (…) En el aspecto físico y racial, los Georgianos de Fe Mosaica, son en su mayoría, altos de anchas espaldas, es decir, étnicamente son de tipo racial caucásico, igual a sus vecinos cristianos.”

   En consecuencia, estos judíos del Pueblo Elegido por el Señor de Israel con sus Sagrados Derechos Bíblicos sobre la posesión de la Tierra Prometida,  no son otra cosa que una banda de forajidos, una asociación ilícita para la consecución de objetivos inconfesables: no tienen lengua propia, pues el idioma que hablan es el del pueblo donde habitan o habitaron (cuando no dialectos que se ha demostrado contienen infinidad de palabras íntimamente vinculadas a la jerga del hampa); no poseen historia y tampoco cultura, ni costumbres, ni tradiciones comunes a los supuestos israelitas que pretenden dominar el Mundo de los Goim. En verdad, rodeados del boato que se han fabricado, de símbolos, de actitudes grandilocuentes, de jerarquías y cargos ampulosos, estos sujetos han hecho caer en la trampa a una infinidad de incautos que obran de buena fe. No es para menos. Otros, de mala fe, se han dejado trampear porque, siendo ratones, les gusta jugar con el gato.

   Coincido plenamente con las declaraciones formuladas por el Gran Rabino de Inglaterra, Herman Auler en 1878, editado en Coloquio de Juristas Árabes sobre Palestina, Argel 1967:

   “Desde la invasión de Palestina por los romanos, los judíos ya no forman una sociedad política. Nosotros, los judíos, nos asimilamos políticamente a los países entre los que vivimos, somos simplemente ingleses, franceses, alemanes. Evidentemente, tenemos creencias religiosas que nos son propias. Sin embargo, en esto no nos diferenciamos de los ciudadanos que practican otra religión. Concurrimos con ellos a la prosperidad de la patria que nos ha acogido y reivindicamos los derechos y las obligaciones de sus ciudadanos.”

   Estas palabras son las repetidas por el Rabino Weiss de los EE. UU. en 1883 y estampadas en la resolución adoptada en el Congreso Judío de Pittsburgh en 1885:

   “Nosotros, los judíos, no nos consideramos como nación, sino simplemente como una comunidad religiosa. Por lo tanto, no consideramos el retorno a Palestina y no deseamos hacer revivir ninguna de las leyes relativas al Estado Judío.”

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

   Vemos pues, querida Olga,  que todo cuanto difunde a través de la prensa y medios venales, es propaganda sionista con sus concepciones de religión, de raza, de cultura y la falsa concepción de nacionalidad judía y Estado Judío; son todas burdas patrañas, congénitamente fraudulentas,  que han inventado los agentes del capitalismo y el marxismo internacional los socios sucios e incondicionales del sionismo: los Ben Gurión, las Golda Meir, los Moshe Dayan en Israel y los Goldmans, Morgan, Rothschild, Loeb en el Mundo entero. Y los Goldenbergs, los Topolevski, los Blejer, los Becher, los Kestelman, los Imach y los Chojrin en nuestra Argentina, con la ayuda incomparable del Almirante judío Isaac F. Rojas primero, y del doctor judío Arturo Frondizi.

   Espero haber cubierto cierto porcentaje de tus inquietudes. Dejándote un abrazo y el saludo a nuestro estilo me despido con un hasta la próxima, que Dios ha de querer sea pronto.

                                                                                                                                                JUAN

                                                                                                                                            Mal Llevado

 

kkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkk

.