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HACIENDO UN TOQUE

EN EL RECUERDO EMOCIONADO

Juan Pampero

 

Dos adalides del Pensamiento Nacional. Para eterna memoria y agradecimiento:

Generales de División Enrique Carlos Alberto Mosconi (24 de febrero de 1877 -

4 de junio de 1940) y Manuel Nicolás Aristóbulo Savio (15 de marzo de 1892 – 31

de julio de 1948). Que Jesús Misericordioso los guarde, y su Santa Medre María

vestida de Celeste y Blanco, los acune en su maternal regazo.

 

   Estas fotografías han sido coloreadas y mejoradas por María Dolores hasta donde se pudo. Savio tenía el grado de Mayor. La mirada de tristeza del General Mosconi es más elocuente que cien explicaciones. Cualquiera diría que se está por soltar a llorar. Viendo lo que lo rodeaba: demócratas, radicales y socialistas, no era para menos.

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   El General Enrique Mosconi fue Director de YPF entre los años 1922 y 1930. En poco más de siete años, la Nación había librado la Batalla del Petróleo, y estuvo en capacidad de producir combustibles a un costo menor que cualquier empresa extranjera. Con ello se pudo disponer de un factor estratégico fundamental, la energía, esencial para llevar adelante un proceso de desarrollo económico y propender a la defensa nacional. El sintetizó el objetivo a alcanzar al decir en su obra El Petróleo Argentino:

   “Los países de Latinoamérica que, como el nuestro, explotan petróleo (…) deben preservar las fuentes de combustible líquido de toda influencia que no sea eminentemente nacionalista: el combustible constituye la plataforma sobre la que se levantará su futura organización industrial y sobre la cual se cimentará la Defensa de la Patria.”

   Más adelante en su libro El Petróleo y la Economía Latinoamericana nos diría:

   “Ha llegado el momento de seleccionar hombres y capitales y establecer asimismo protección para hombres y capitales nacionales. Organizado el trabajo y las explotaciones de las riquezas nacionales con hombres y dinero del país, mejoraremos evidentemente nuestra condición de vida, lo que es indispensable. Si, como lo hemos manifestado, nos encontramos aún en la necesidad de continuar atrayendo a la inmigración deseable.

   Con la cooperación de Europa hemos organizado el país y lo hemos equipado, colocándolo en condiciones de emprender la explotación de sus riquezas y posibilidades en mayor escala; en los últimos años los Estado Unidos, con el envío de capitales y representantes de sus grandes empresas, se incorporaron a nuestras actividades. Podemos, pues, elegir ahora el elemento que nos convenga; pero, en primer término, nuestro deber es realizar con nuestros propios medios una máxima tarea y luego aceptar la colaboración de hombres y capitales, sin distinción de nacionalidad, siempre que estos se sometan sin reparos a las imposiciones de nuestras leyes. Capitales que pretendan condiciones especiales, exigiendo un tratamiento de excepción que algunas veces no ha de poder acordarse a los capitales del país, no favorece a la Nación; capitales que aspiren al dominio económico, que tengan el propósito de tomar ingerencias políticas en los países en que operan, que empleen por sistema procedimientos y normas inmorales, que pretendan no ser regidos por las leyes en que se basa nuestra soberanía, deben ser rechazados, porque esos capitales llevan en sí los gérmenes de futuras dificultades y perturbaciones internas y externas.”

   Tal cual mi General, tal cual. Y tanto es así que no merece que algún infeliz, de los que somos súper productores contando con grandes saldos exportables, le haga a usted, mi General, ni el más mínimo comentario. Porque aparte de ser un General, ingeniero, inventor, escritor, político y estadista, usted ha sido un Profeta de nuestro tiempo. ¿Qué podemos hacer nosotros, en nuestra humanidad pedestre, con un Profeta? Solamente alabarlo y venerarlo como lo hacemos con los de la antigüedad. Vaya entonces nuestra alabanza y nuestra veneración.

   Dicen algunos que saben más que yo, que mi General Mosconi era el sucesor de don Hipólito Irigoyen en 1934. No sé. Lo que sí sé es que el golpe del General nacionanista Uriburu, impidió que una hombre prominente del Pensamiento Nacional llegase a la Primera Magistratura de la Nación. La Revolución Nacional se hubiese adelantado diez años. No hubiese existido la Década Infame y sus secuelas de hambre, desolación y muerte.

   Mosconi sufrió persecuciones, prisión, vejámenes, descrédito, juicios por sospechoso de de ser un ladrón y tormentos de todo tipo, por parte de los truhanes de la Década Infame, aún estando en su silla de ruedas donde lo sorprendió la muerte. Los Fiscales acusadores fueron la lepra de la República: los Socialistas que hoy andan vestidos con el inofensivo trajecillo blanco de la Cenicienta. Son los que fueron los Fiscales en la Involución Libertadora de 1955. ¿Dónde estaba Nicolás Repetto, Sánchez Viamonte, el canalla Alfredo Lorenzo Palacios, los hermanitos Ghioldi, Juan B. Justo y su después viuda Alicia Moreau de Justo durante los fusilamientos del 9 al 12 de junio de 1956? ¿Acaso no son los mismos que fusilaron a Irigoyen de 1916 a 1922, y lo volvieron a fusilar el 6 de septiembre de 1930,  y al General Moscóni de 1931 hasta su muerte? ¿No fueron los socialistas los que desfilaron triunfalmente ante Uriburu en 1930 y él, catolicísimo, los aceptó gustoso?

   Como colofón una nota dantesca. He visto que el Gobernador electo de la Provincia de Santa Fe, don Hermes Binner, socialista, hombre de la oligarquía, ateo y masón, subió al escenario que le habían montado para proclamar su triunfo, con un retrato de don Estévez Boero. Mire don Binner le cuento algo que a lo mejor usted sabe pero jamás lo va a decir: yo, personalmente yo con cien o más testigos, lo ví entrar a la sede del Comando del Cuerpo de Ejército II, en la ciudad de Rosario, al señor Estévez Boero para entrevistarse con el General Galtieri primero y con el General Luciano Jáuregui después. Ví los abrazos, escuché las risas y encuentros de más de tres horas. Pero no una vez: muchísimas veces. Lamentablemente para usted don Binner, casi todos los que contemplábamos estas escenas, estamos vivos y podrían desmentirme. Atrévase. Aunque mejor no averigüe y espere que nos vayamos muriendo por cuenta gotas. Es un buen consejo que le doy. Y usted don Binner, ¿ante quién se confiesa? Porque el Comando del Cuerpo, ya no está en Rosario, se mudó a Curuzú Cuatiá. Lo han dejado sin confesor. Estos son los socialistas que aparecen hoy como salvadores de la Patria. ¡Por favor, háblenme de perros con menos pulgas y de chanchos con menos sarna!

 GENERALES MOSCONI y SAVIO:

¡HAN MUERTO, PERO VIVEN EN NUESTROS CORAZONES!

   NI YANQUIS NI MARXISTAS

   DIOS, PATRIA y HOGAR

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