CIUDADANOS ALERTA

   

NUEVA POLÍTICA
VIEJOS ERRORES

SATURNINUS 
Fuente: "HOSTERÍA VOLANTE" Nº  9 (Octubre de 1961)

 

   Dice Marco Aurelio: "Considera las cosas por otro lado distinto de como las has contemplado hasta ahora; eso se llama justamente comenzar una vida nueva".
   Estas palabras admiten la paráfrasis siguiente: muestra las cosas en otro aspecto, y todos los que las perciben así comenzarán por sí mismos una vida nueva".
Keyserling, "El Mundo que Nace" (Pág. 182. Revista de Occidente, Vol. XI)

   Para quienes comenzamos a hacer nuestras primeras armas en esta cosa tremenda que es la política, no pueden bastar los viejos esquemas de la vieja "ortodoxia" nacionalista.

   Siempre que se habla de "ortodoxia" se piensa en esos esquemas y si hay algo que realmente se opone a esa ortodoxia esquemática, esa cosa es la política.

   Tanto es mi interés en desterrarlos que ni siquiera voy a mencionarlos. Pero hay una palabreja clave que no puedo pasar por alto: "Restauración" (¿?).

   Supongo que todos conocemos la trayectoria, inaugurada por Don Juan Manuel, de éste rótulo, hoy sin sentido.

   Sí, en verdad sin sentido. ¿Restaurar? ¿Qué cosas? ¿El Cabildo, la Real Audiencia, el Virreinato? ¿La "Tradición", acaso? ¿Cuál? ¿La liberal-marxista?

   No, esto no puede ser la empresa política de esta generación de nacionalistas.

   No, nosotros no podemos tener vocación de arqueólogos, en tanto que políticos. No podemos, no tenemos derecho a serlo. "Restaurar" un orden de cosas cuya consecuencia lógica es esta cúpula política que nos gobierna, no nos parece tares ideal para "sedicentes" patriotas.

   No, nosotros debemos proponernos otra misión y al mismo tiempo proponerle otra a la Nación misma.

   Comencemos, para ello, por creer en la primera evidencia: Un hombre "nuevo" está naciendo en América. Y para este hombre "nuevo", de una América que ingresa sin vacilaciones al orden universal, no sirve la "restauración".

   Definitiva y absolutamente: No sirve.

   En política, más que en ninguna otra cosa, es urgente desechar lo inútil (So pena de que la política nos deseche a nosotros por inútiles).

   En consecuencia, nuestra generación va a proponerse otra cosa: Fundar.

   A esa palabreja "restauración", traída por un "revisionismo" estrecho, le oponemos este lema: Fundación. Y esta misión compromete nuestra inteligencia, nuestra voluntad y nuestros sentimientos. Es decir, nos compromete íntegramente como que en la base de ella está nuestra realización como personas. Mientras que la "restauración" exige un compromiso casi impersonal, la "fundación" pide, por el contrario, la entrega total de nuestro ser.

   Y para este magnífico programa es menester repensar todos los temas, desde la cocina hasta la teología, y disponernos a nueva experiencia, que siendo absoluta, nos salva o nos pierde.

   Esta misión tiene la virtud de relacionar nuestra salvación personal con los destinos de la comunidad. La otra no, la salvación personal corre por un lado y la de la comunidad por otro, lo cual es un absurdo completo.

   Más aún por primera vez se propone una tarea política capaz de crear una mística, pues impide de raíz todo escepticismo y toda apatía.

   La Historia, la verdadera Historia, recién comienza. Porque, entendámonos de una vez, América es una aurora (¿Roja?) y no un osario en del cual hay que extraer huesos ilustres y exhibirlos como fundamento de gobierno.

   -Rosas, ¿No fue acaso un verdadero Restaurador y por ello nuestro héroe máximo?

   Eso está muy bien y es verdad, pero Rosas fue una posibilidad que se frustó sin dejar herencia, precisamente porque él fue Restaurador y no Fundador.

   Pero mientras los Restauradores no se convenzan de que debemos pasar a otro nivel, todo será vano. El fracaso será es sino del nacionalismo en tanto que empresa política.

   Sólo un acto de coraje es necesario. sólo uno, pero completo, para barrer con todo lo caduco que heredamos y lanzarnos a una nueva, grande y alegre empresa: la Fundación de la Patria.

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