SIGNIFICADO DE LA VISITA DE BENEDICTO XVI
A LA SINAGOGA DE NUEVA YORK
[*]

Una total abjuración de la fe católica

   "Benedicto entró en la sinagoga de Park Est mientras un coro entonaba la canción litúrgica Sh'ma Yisrael, que representa una de las declaraciones de fe más importantes en el judaísmo. Es decir, en el preciso momento de su entrada, los judíos reafirmaban su rechazo a Cristo.

   Seguidamente, uno de los más ancianos de la sinagoga tomó el pesado paño de terciopelo azul que protegía los rollos de la Tora, que así quedaron expuestos a la veneración pública . Con este gesto, seguramente aprobado por Benedicto XVI antes de la ceremonia, el "Vivario de Cristo" avaló esta simbólica exhibición de los libros religiosos del judaísmo. En realidad, esto no debe causar ninguna sorpresa, ya que el teólogo progresista Joseph Ratzinger, a menudo,  al referirse al Pentateuco católico,  lo denominó Torah, adoptando la terminología judía.

   Comentarios: La columna anterior, de  "Tradition in Action" escrita por Atila Sinke Guimarães cubre varias serias preocupaciones que los católicos deben tener con respecto a la visita de Benedicto XVI a la sinagoga de  Park East de Manhattan. Más que reiterar esas preocupaciones, quisiéramos especificar algo que no fue tratado en esa columna. En una parte de su breve alocución a los congregados en la sinagoga, Benedicto decía: "Me resulta conmovedor recordar que Jesús, siendo joven, escuchó las palabras de la Escritura y rezó en un lugar como éste." Hablando de esa forma, Ratzinger hábilmente evade el hecho de que años más tarde, la extrema oposición al ministerio público de Cristo por parte de los líderes Judíos   que eventualmente culminaría con su muerte, se manifestó quizás en el mismo lugar aludido por el "papa" Ratzinger:

14 Y Jesús volvió con la fuerza del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la comarca. 15 Y enseñaba en sus sinagogas y era glorificado por todos. 16 Y fue a Nazaret, donde se había criado; y entró, según su costumbre, en el día sábado, en la sinagoga, y se levantó a leer. 17 Y le fue entregado el volumen del profeta Isaías; y habiendo abierto el volumen, halló el lugar donde estaba escrito: 18 El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ungió; para evangelizar a los pobres me ha enviado, para pregonar  a los cautivos remisión, y a los ciegos, vista; para enviar con libertad a los oprimidos, 19. para predicar un año de gracia del Señor. 20. Y habiendo enrollado el volumen, lo entregó al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.

   21. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros. 22. Y todos daban buen testimonio de él, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José? 23. El les dijo: Sin duda me aplicaréis este proverbio: Médico, cúrate a ti mismo. Cuantas cosas que hemos oído que se han hecho en Cafarnaum, hazlas también aquí en tu tierra. 24 Dijo empero: En verdad os digo, que ningún profeta es acepto en su propia tierra. 25 En verdad os digo que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en toda la tierra;

26 Pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda en Sarepta de Sidón. 27 Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; pero ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamán el sirio. 28 Al oír estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira; 29 y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle. 30 Mas él pasó por en medio de ellos, y se fue. (Lucas, 4:14-30)

   De modo que, por lo que dicen los Evangelios, resulta ser la sinagoga el lugar en donde los líderes judíos, y por su instigación, toda la congregación atentaron por primera vez contra la vida de Jesús. Pero como todavía no había llegado su hora, no pudieron cumplir sus planes asesinos. Que Benedicto sugiera, con una evidente omisión de este incidente, que la sinagoga fue siempre un lugar de felices recuerdos para Cristo es una distorsión de la historia que compromete la fe y calla la tensión que existió entre Nuestro Señor y los que supervisaban y conducían la sinagoga. Qué lejos de San Vicente Ferrer, que entró en la sinagoga española con la intención de convertir al rabino y a su congregación; tan eficaz fue en su apostolado que la congregación entera se convirtió a la fe católica, la sinagoga se transformó en una iglesia católica, y el rabino llegó a ser obispo. Es evidente que la fe de San Vicente Ferrer y la de Benedicto XVI, no es ni puede pertenecer a la misma religión.

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